Estaba rebuscando en un armario lleno de cosas viejas, cuando me encuentro una carpeta que contiene un montón de libritos de historias cortas, con una letra horrible, llenas de faltas de ortografía, garabatos a modo de dibujos, textos incongruentes y pésimamente labrados y muy chabacanos, en formato libro. Al ojearlos me han traído muchos recuerdos de la infancia. Resulta que de pequeño disfrutaba mucho escribiendo y dibujando. (Sí, el pequeño Joruji de antaño hacía más cosas aparte de asesinar vertebrados de sangre fría sádicamente, hacer ondas vitales a los transeúntes, felicitar la navidad en verano y levantar faldas a las niñas).
El tierno infante Joruji leía mucho las novelas de El pequeño Vampiro, algunas o
bras de Julio Verne, y también EL MANGA (en mayúsculas, porque solo existía uno en mi cabeza): Dragon Ball; y junto a esto lo que más leía y lo que me tenía enganchado era Pesadillas, de R.L. Stine. Todos habréis leído alguna vez uno de esos casposos libros de terror infantil de dudosa calidad (tan dudosa que tanto en casa como en el colegio me los prohibían y los tenía que adquirir a escondidas…), o en su defecto habréis visto algún capítulo de la adaptación televisiva, más casposa aún. Pues bien, a mi me chiflaban, no se si era por las portadas tan guays, la tensión al leerlos, el suspense continuado de cada capítulo o esos finales terroríficos e intrigantes, pero el caso e
s que los devoraba. Estaba muy influido por estas novelas hasta tal punto que me encantaba todo lo que tenía que ver con el terror y satisfacía mi pueril creatividad, entre otras cosas, inventándome historias que después escribía en formato libro de lectura pero muy casero y cutre, propio de un niño pequeño (lógico).
Los temas que trataba en ellos eran la ciencia experimental (con bombas nucleares y radiactividad, que molaba), los monstruos asesinos, jóvenes y niños como protagonistas, mucho terror, a veces surrealismo, fantasía, idioteces, algo de violencia y gore, absurdo, humor, misterio y finales intrigantes y a veces pesimistas, al más puro estilo Stine. Además disfrutaba mucho ilustrando las historias, de hecho, muchas historias nacían de la inspiración de algún dibujo o por ganas de dibujar, bastante mal por cierto, salvo cuando copiaba el dibujo de algún sitio. Y casi todas las historias recordaban mucho a las famosas “Goosebumps”.
También me dio un par de veces por plagiar algunas ideas de forma descarada (aunque eso no me motivaba mucho) y también llegué a escribir novelillas desarrolladas en base a los títulos de novelas que me inventaba, es decir, que escribía títulos “molones” y luego dejaba fluir la imaginación en base a esos títulos. Siempre eran historias cortas, salvo alguna excepción. La historia más larga fue también una de las últimas, y la que en principio comenzó como una historia seria, profunda y melancólica sobre un chaval raptado por unos alienígenas (he dicho seria, sí), al final se convirtió en una parodia con frikis referencias a diversas cosas que me interesaban.
Al final hasta llegué a crear una ficticia editorial que yo dirigía dictatorialmente y que englobaba todos los libritos que hacía (“Ediciones Monstruo”), con estética similar a la de los libros de Pesadillas, y en el reverso siempre anunciaba “otras publicaciones”.
Aquella era una época de sueños, de fantasía, de juego, de ilusiones y de creatividad, un rebujo de inmensa creatividad que se ha ido perdiendo con los años, por qué será…
El tierno infante Joruji leía mucho las novelas de El pequeño Vampiro, algunas o
bras de Julio Verne, y también EL MANGA (en mayúsculas, porque solo existía uno en mi cabeza): Dragon Ball; y junto a esto lo que más leía y lo que me tenía enganchado era Pesadillas, de R.L. Stine. Todos habréis leído alguna vez uno de esos casposos libros de terror infantil de dudosa calidad (tan dudosa que tanto en casa como en el colegio me los prohibían y los tenía que adquirir a escondidas…), o en su defecto habréis visto algún capítulo de la adaptación televisiva, más casposa aún. Pues bien, a mi me chiflaban, no se si era por las portadas tan guays, la tensión al leerlos, el suspense continuado de cada capítulo o esos finales terroríficos e intrigantes, pero el caso e
s que los devoraba. Estaba muy influido por estas novelas hasta tal punto que me encantaba todo lo que tenía que ver con el terror y satisfacía mi pueril creatividad, entre otras cosas, inventándome historias que después escribía en formato libro de lectura pero muy casero y cutre, propio de un niño pequeño (lógico).Los temas que trataba en ellos eran la ciencia experimental (con bombas nucleares y radiactividad, que molaba), los monstruos asesinos, jóvenes y niños como protagonistas, mucho terror, a veces surrealismo, fantasía, idioteces, algo de violencia y gore, absurdo, humor, misterio y finales intrigantes y a veces pesimistas, al más puro estilo Stine. Además disfrutaba mucho ilustrando las historias, de hecho, muchas historias nacían de la inspiración de algún dibujo o por ganas de dibujar, bastante mal por cierto, salvo cuando copiaba el dibujo de algún sitio. Y casi todas las historias recordaban mucho a las famosas “Goosebumps”.
También me dio un par de veces por plagiar algunas ideas de forma descarada (aunque eso no me motivaba mucho) y también llegué a escribir novelillas desarrolladas en base a los títulos de novelas que me inventaba, es decir, que escribía títulos “molones” y luego dejaba fluir la imaginación en base a esos títulos. Siempre eran historias cortas, salvo alguna excepción. La historia más larga fue también una de las últimas, y la que en principio comenzó como una historia seria, profunda y melancólica sobre un chaval raptado por unos alienígenas (he dicho seria, sí), al final se convirtió en una parodia con frikis referencias a diversas cosas que me interesaban.
Al final hasta llegué a crear una ficticia editorial que yo dirigía dictatorialmente y que englobaba todos los libritos que hacía (“Ediciones Monstruo”), con estética similar a la de los libros de Pesadillas, y en el reverso siempre anunciaba “otras publicaciones”.
Aquella era una época de sueños, de fantasía, de juego, de ilusiones y de creatividad, un rebujo de inmensa creatividad que se ha ido perdiendo con los años, por qué será…



3 millones de comentarios:
No sabía que un día fuiste niño... Me dejas anonadado.
POr cierto, a mi la serie "Pesadillas" me parece la mar de divertida, aunque no he leído ni un libro.
Era cutrecilla, reconócelo xD
Publicar un comentario en la entrada